En un recipiente calentamos el aceite a fuego medio-alto. Agregamos las especias enteras. Esperamos unos segundos y añadimos la cebolla cortada en dados pequeños con una pizca de sal.
Cuando la cebolla esté pochada agregamos la pasta de ajo y jengibre. Cocinamos unos segundos y añadimos las especias en polvo excepto el Garam Masala.
Sofreímos las especias a fuego medio unos segundos y agregamos la pechuga de pollo. Doramos la pechuga por ambos lados y añadimos el caldo de pollo. Mezclamos y rectificamos la sal.
Tapamos el recipiente. Cocinamos la pechuga unos 30 minutos o hasta que quede bien cocida y que la salsa quede muy reducida.
Apartamos la pechuga en un plato y cuando este un poco templada la cortamos en trozos muy pequeños. Los reservamos para luego.
Ponemos en un cazo leche y nata liquida a fuego medio. Calentar durante 4-5 minutos sin que llegue a hervir. Este paso es para luego acelerar el proceso de preparación de la salsa bechamel.
Ahora en el mismo recipiente donde hemos cocinado la pechuga, junto con la salsa reducida añadimos la mantequilla. Cuando se derrita agregamos la harina y removemos con unas varillas hasta que se dore ligeramente.
Añadimos la mitad de la mezcla de leche y nata, removiendo sin parar con una varilla para que no formen grumos.
Poco a poco añadimos el resto de la leche sin dejar de remover. Cuando hayamos acabado con la leche y la masa haya espesado añadimos el pollo y el Garam Masala. Mezclamos bien y rectificamos la sal.
Continuamos trabajando la masa con la varilla durante 12-15 minutos antes de retirar del fuego.
La masa habrá alcanzado su punto de espesor cuando se despegue de los bordes del recipiente.
Una vez lista, la pasamos a una fuente. La cubrimos con papel film transparente, que toque la masa para que no se nos forme una capa dura en la superficie al enfriarse (ver foto abajo).
Una vez fría la llevamos a la nevera. Yo suelo dejar la masa de un día para otro y de esta manera la masa ha alcanzado un punto de espesor óptimo y resulta más fácil de manejar a la hora de montar las croquetas.
Batimos muy bien los huevos. Ahora cogemos porciones de la masa con una cuchara y damos forma redonda con pan rallado (no utilizarlo en exceso).
Después las pasamos por huevo batido y pan rallado de nuevo.
Freímos en abundante aceite caliente, con cuidado de que se hagan por dentro sin quemarse por fuera.
Las retiramos en papel de cocina antes de servir, para que no tengan exceso de grasa.